Publicado el 24 agosto 2020 Fallece el educador Sir Ken Robinson

Sir Ken Robinson (Liverpool, 1950 – Los Ángeles, 2020). Este fin de semana nos hemos enterado de la triste noticia de la muerte de Ken Robinson, educador inglés nacido en Liverpool el año 1950. Dirigió entre los años 1985 al 1989 el proyecto The Arts in Schools Project, iniciativa que pretendía mejorar la enseñanza y el aprendizaje de las artes en las escuelas británicas. Desde 1989 hasta 2001 fue profesor de educación artística en la Universidad de Warwick (Coventry, UK) y encargado de las investigaciones para el desarrollo de la Facultad de Educación. Fue Director de estudios de grado en el Instituto Warwick para la Educación, Director del programa de posgrado en educación artística y estudios culturales, y Director de la Unidad para la Investigación en Educación, Cultura y las Artes (URECA).

En 1998 coordina el Comité Consultivo Nacional sobre Educación Creativa y Cultura (Ministro de Educación y Empleo), cuya reflexión se sintetiza en el informe: Todos nuestros futuros: creatividad, cultura y educación. (Conocido como el Informe Robinson) En este se pone de relieve el escaso papel que hasta entonces había recibido la creatividad y la importancia que sobre ella recaía el futuro, ya no sólo del país, sino de la propia humanidad.

Esta fue sin lugar a dudas la gran pasión y causa de Robinson, como se puede reconocer muy bien en una de sus charlas TED más conocidas ¿Matan las escuelas la creatividad? 

En su texto “Las Escuelas Creativas. La revolución que está cambiando la educación”, Robinson señala que la escuela debe facilitar en sus estudiantes 8 competencias fundamentales. Estas son:

  1. Curiosidad: la capacidad de hacer preguntas y de explorar cómo funciona el mundo
  2. Creatividad: la capacidad de generar nuevas ideas y ponerlas en práctica
  3. Crítica: la capacidad de analizar la información e ideas y elaborar argumentos y juicios razonados
  4. Comunicación: la capacidad de expresar pensamientos y sentimientos con claridad y confianza en una diversidad de medios y formas
  5. Colaboración: la capacidad de colaborar constructivamente con otras personas
  6. Compasión: la capacidad de ponerse en la piel de otras personas y actuar en consecuencia
  7. Calma: la capacidad de conectar con la vida emocional interior y desarrollar un sentido de armonía y equilibrio personal
  8. Civismo: la capacidad de implicarse constructivamente en la sociedad y participar en los procesos que la sustentan

A continuación destacamos algunas de sus ideas más significativas en relación a la educación, la creatividad y las artes:

  1. La creatividad debe ser tan importante en la educación como la alfabetización. En las escuelas se desprecia la creatividad y solo se premia la habilidad en matemáticas, lengua o historia, cuando deberían estar al mismo nivel. Los niños tienen una capacidad para innovar y unos talentos extraordinarios que están desperdiciados.
  2. Estigmatizar el error mata la creatividad. Para crear, para innovar, no hay que temer equivocarse porque, si los niños tienen miedo a equivocarse, dejarán de probar y de experimentar. Sin embargo, el sistema de educación actual establece que los errores son negativos y va aniquilando la creatividad inherente al ser humano.
  3. En las escuelas se educa solo el cerebro y, especialmente, el hemisferio izquierdo. Todos los sistemas educativos tienen una jerarquía que sitúa en lo más alto las matemáticas y los idiomas, seguidos de las humanidades y, en el nivel más bajo, las artes. Y, dentro de las artes, incluso se da más importancia a la plástica y la música que al teatro o el baile. No se educa el uso de nuestro propio cuerpo, ni la capacidad de crear e imaginar, porque el sistema educativo se diseñó con la revolución industrial, para enseñar a trabajar, y da más importancia a los temas o aspectos útiles para el trabajo. 
  4. El sistema de valoración escolar no es justo. En contra de lo que muchos piensan, la habilidad académica no es sinónimo de inteligencia. Nos hemos acostumbrado a creer que un niño al que no le va bien en el colegio no es inteligente, cuando en realidad puede tener mucho talento y ser brillante y creativo. El problema es que en las escuelas no se valora la inteligencia, sino la capacidad de destacar en ciertas asignaturas o materias.
  5. El sistema educativo actual aleja a muchas personas de sus habilidades naturales. Los talentos de una persona no siempre están a la vista, a veces se esconden bajo la superficie y hay que buscarlos, descubrirlos. La educación debería ser el entorno donde se creen las circunstancias adecuadas para que esos talentos emerjan, pero no es así.
  6. La educación no debe sufrir una evolución, sino una revolución. Para solucionar los problemas de los sistemas actuales, no bastan los cambios superficiales: la educación tiene que transformarse en algo diferente a lo que es ahora. Para ello, debemos desprendernos de las ideas preconcebidas, como el hecho de que todo el mundo deba ir a la Universidad, lo que deriva en una concepción lineal de la educación que no es adecuada. Lo importante no es superar cursos sino desarrollar al máximo las capacidades de la persona.
  7. Hay que cambiar el concepto de inteligencia. Las comunidades humanas dependen de un amplio abanico de habilidades y no pueden apoyarse sobre una única definición de talento. Ese es uno de los mayores retos en el ámbito educativo: cambiar esa definición, cambiar el concepto de inteligencia.  La inteligencia es diversa, dinámica e interactiva y, sobre todo, única. El objetivo, por lo tanto, es que la persona encuentre su talento y tenga una dedicación extraordinaria para desarrollarlo.
  8. La educación debe personalizarse y volverse orgánica. El sistema educativo actual sigue un modelo industrial, estandarizado y conformista. Educamos a los niños con las premisas de la comida basura, sin importarnos las características de cada uno, cuando en realidad los talentos y las capacidades son tan diversos como los alumnos. Debemos optar por un modelo agrícola, orgánico: como el granjero, la labor de la educación debe centrarse en crear las condiciones más adecuadas para que el niño crezca y desarrolle sus talentos.
  9. Debemos replantearnos los principios fundamentales en los que educamos a nuestros hijos. Igual que explotamos la Tierra para extraer los recursos que nos interesan, el sistema educativo explota nuestro cerebro para que ejecute unas tareas y desarrolle unas habilidades concretas. La educación del futuro no puede seguir estas premisas, sino que debe valorar a los niños por todo lo que son, también por su imaginación y la riqueza que supone su capacidad creativa.
  10. Para educar hay que alentar la pasión y conmover el espíritu. Hay que crear un movimiento en educación en el cual la gente desarrolle sus propias soluciones con el apoyo de un currículo personalizado.  Pero debe hacerse apelando a la pasión, porque cuando hacemos lo que nos apasiona, sea lo que sea, somos felices y nos sentimos plenos.

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